El cambio es inevitable, decídelo tú

15.05.2018

¿Alguna vez te has planteado modificar algo repetidamente? ¿Tomas una decisión que luego no llevas a cabo? ¿Sabes que es lo mejor, pero no terminas de ponerte a ello? Puede que estés en una de las fases que Prochaska y Diclemente acertadamente establecieron para los procesos de cambio.

O tal vez seas de los que sostienen "la gente no cambia", "el que nace lechal muere cochino" y cosas parecidas. Estas afirmaciones son ciertas y falsas a la vez. Me explico. Las personas cambian, sí lo hacen, lo que ocurre es que lo hacen cuando ellas quieren, así de fácil, cuando lo desean profundamente. Y no cambian, también es verdad, no cambian cuando nosotros queremos. Lo que la persona diga aquí realmente importa poco. Lo determinante es su convencimiento auténtico y profundo. Ya está. Pensamos que las personas no pueden cambiar porque les hemos oído decir que lo harían y no se ha materializado. Eso ocurre porque lo han dicho sin verdadera convicción, quizá por agradarnos, o agradar a otros. Y eso sí, nunca cambiamos por los demás, cambiamos por y desde nosotros mismos.

El cambio es algo inherente a la vida. Como ya mostraron el "nadie puede bañarse dos veces en el mismo río" y el "todo fluye, nada permanece" de Heráclito, o la impermanencia de Buda (curiosamente ambos de alrededor de 500 años antes de Cristo), el motor del mundo es la transformación. Es la preciosa paradoja de que lo único que permanece es el cambio.

Sin embargo a menudo negamos la posibilidad de modificar algo en otros, o en nosotros. Ya hemos visto que nadie cambia por nadie, así que centrémonos en nosotros.

Ya se trate de un hábito (dejar de fumar, alimentarme de forma saludable, llegar puntual,...) o un rasgo (la timidez, la generosidad, la naturaleza ansiosa, la fuerza de voluntad,...), o un estado en el que nos encontramos (laboral, matrimonial...) la inmensa mayoría de comportamientos es modificable. Esto es una verdad como un templo, avalada por miles de casos.

Una información de interés para ayudarnos a realizar cualquier transformación es saber que el cambio suele ser un proceso y no un acto. Es decir ocurre progresivamente siguiendo una serie de etapas. Saber en qué etapa estamos nos ayudará a continuar.

El modelo de las cinco etapas del cambio fue creado originariamente para adicciones y tabaquismo, más tarde se fue viendo que en la gran mayoría de cambios pasamos por estas estaciones. Me gustaría que lo leyeras pensando en alguna transformación o mejora que desees hacer y juegues a situarte.

Las fases son:

La precontemplación. Aquí no nos planteamos aún el cambio. Normalmente nuestro entorno sí ha observado que modificar determinada conducta nos sería de gran ayuda, pero no lo vemos o lo negamos. Solemos decir cosas como "está bajo control", "a mí esto no me perjudica", "siempre he sido así".

La única opción posible es ofrecer información objetiva, neutra y sobre todo no amenazante, pues cuanto más se presiona o se intenta convencer a la persona en precontemplación más aumentarán sus resistencias. Ya sea dejar el alcohol o un matrimonio tortuoso, nada se consigue mediante una insistencia machacona.

La contemplación. Esta fase es la de la ambivalencia. Es muy típica de las dietas, el gym, y otros hábitos saludables. Es el "mañana empiezo." Nos damos cuenta de los beneficios que nos traería cambiar, pero, como todo cambio conlleva también una renuncia, estamos indecisos. Hoy quiero y mañana no. Saldremos de aquí cuando tomemos una decisión firme. Puede sernos de gran ayuda acompañarnos de un profesional del coaching o la psicología, para gestionar la pérdida que el cambio conlleva o descubrir cuáles son nuestras barreras. Se trata de darnos cuenta de que los pros superan en beneficios a los contras, y que las ventajas que obtenemos con la conducta problema también podemos obtenerlas de otra forma. No es siempre fácil. Hay contempladores que se llevan aquí toda una vida.

La preparación. Esto es el calentamiento antes de la carrera. Realizaremos acciones previas que nos hagan más fácil la etapa que viene a continuación. Estamos haciendo la maleta, pues ya tenemos claro que iniciamos el viaje. La decisión está tomada. Enhorabuena y a comenzar.

La acción. Este es el cambio en estado puro. El vuelo ha despegado. No cogemos el pitillo, tomamos una fruta en lugar de un pastel, hablamos en una reunión de 30 personas cuando antes nos daba un corte enorme. Es decir, realizamos los comportamientos visibles. Aquí es importante la automotivación, aplaudirse, no criticarse sino darse aliento. Valora el esfuerzo que estás haciendo.

Mientras realizamos acciones pueden aparecer recaídas. Normalmente las consideramos de forma muy negativa, como una muestra de debilidad e incluso de fracaso. No es así. Es algo absolutamente normal en un proceso de cambio. Es bueno saberlo para que no caigas en el típico "de perdidos al río". No te juzgues ni te critiques. Al contrario, aprendo y sigo. Vuelvo y vuelvo, las veces que haga falta. Este es un momento en el que el acompañamiento del coach o el psicólogo puede ser crucial para éxito. Las recaídas son delicadas porque  la culpabilidad puede dar al traste con todo lo que se ha conseguido.

El mantenimiento. Según cual sea el cambio realizado, esta etapa durará más o menos tiempo. ( Para algunas salidas de adicciones puede durar toda la vida). Aún hemos de estar vigilantes y no bajar la guardia. Todavía existen tentaciones. Felicítate cada vez que no caes y aprende si lo haces.

La terminación. Se dará por terminado el cambio cuando la nueva conducta esté implantada en ti. La tentación ya no vive arriba, o igual vive, pero ni reparo en ella. Es una sensación fantástica, de renovación, de autoeficacia, de logro y mucha satisfacción personal. Valóralo como se merece, no siempre se consigue. Puede que veas incluso tu antigua afición con extrañeza. "¿Pero que le veía yo a....?"

Recuerda, el camino del cambio es crecimiento y aprendizaje, también renuncia, pero, si lo has elegido, merecerá la pena. En un taller sobre amor sano, un chico de 16 años nos preguntó, en relación a los celos, "ah, ¿eso se puede aprender?"(A no padecerlos, se entiende), "pues habrá que mirárselo," concluyó. Esto demuestra que lo que nos hace apegarnos a nuestros comportamientos es la firme creencia de no poder cambiarlos. Me encanta la famosa frase de Henry Ford "tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en los cierto". Vas a cambiar inevitablemente, decide tú el rumbo y persevera.

                                                                               Araceli Zaldívar Moreno.