Pensamiento mágico y miedo irracional.

29.10.2018

Cuando escribí el post sobre el miedo era consciente de que había muchas cosas por decir, que era uno de esos temas "estrella", cargado de matices, de grados, de verdades y también de mitos.

Hoy, al retomar esta emoción, quiero centrarme en el miedo irracional, y más concretamente en el que proviene del pensamiento mágico.

El pensamiento mágico está en nuestro ADN. Lo hemos usado como explicación de todo lo que la mente racional no podía comprender. El hombre primitivo adjudicaba a los dioses los fenómenos naturales, como el rayo o la lluvia. Nosotros continuamos introduciendo en nuestros diálogos mentales explicaciones y reglas arbitrarias basadas en la mera superstición.

A veces resulta divertido, esperanzador o inspirador. Queda genial en la ficción. Amélie (la protagonista de la peli del mismo nombre) predice el futuro con reglas inventadas y mágicas, y de ahí sale una historia fantástica. Fantástica, nunca mejor dicho, porque la vida real no funciona así. Que mire hacia atrás no significa que en el futuro volvamos a vernos. El pensamiento mágico, unido al obsesivo, da lugar al TOC (trastorno obsesivo compulsivo) en el que una persona puede inventarse la absurda regla de que, si da tres toquecitos en la puerta al salir de casa, nada malo podrá ocurrirle.

Sin necesidad de padecer un TOC, a todos nos tienta la idea de crear reglas de predicción del futuro. Hasta el más racional de los científicos puede tener sus momentos de superstición. Nos gusta tanto el control que sería maravilloso, para nuestro cerebro, poder llegar a adivinar qué va a ocurrir mañana. Sin embargo, se trata de reglas arbitrarias, absurdas e irracionales y sin el más mínimo rigor científico.

Escribir este post es fruto de mi propia experiencia en el pensar irracional. Una mañana yendo al trabajo, mientras conducía, pensaba en la satisfacción que sentía en las diferentes áreas de mi vida (familia, pareja, trabajo, ocio, etc.), me estaba sintiendo afortunada y dichosa, cuando apareció en mi mente un intruso: el miedo. Como practico la vigilancia mental, hice un pequeño flashback para ver el pensamiento que había desencadenado esa emoción. Estaba claro que no se trataba de ningún estímulo externo, no había ningún peligro fuera, y yo había saltado, de recrearme en mi satisfacción vital, a sentir miedo. Sorprendente ¿no? Rápidamente encontré el pensamiento causante. No andaba muy lejos. ¡Atención!, era el siguiente: todo va tan bien, me siento tan féliz con mi vida...ALGO MALO VA A OCURRIR.

No sé si alguna vez te ha ocurrido, querido lector, pero es una superstición frecuente. A veces la verbalizamos, decimos cosas como: va todo muy bien, pero no quiero ni mencionarlo porque se va a gafar como lo diga. Que se gafe o siga igual, como ya estarás imaginándote, no va a depender de que digamos, o, como en mi caso, de que me recree en la satisfacción. No seamos tan prepotentes, no tenemos ese poder sobre todo lo externo.

Esta superstición puede que tenga origen en nuestro sesgo cognitivo hacia lo negativo. Nuestro cerebro tiene la tendencia a fijarse en temores y peligros, por si acaso. Puede que esa negatividad, que sobreviene cuando todo va bien, quiera protegernos de la envidia ajena. Puede. Nuestras necesidades sociales y de pertenencia al grupo son fuertes y, a veces, la expresión de la felicidad cae mal y es objeto de dañinos celos. Nuestro cerebro antepone la protección a la felicidad. Incluso cuando el peligro es potencial o improbable. No lo hace para fastidiarnos, no se lo tomemos a mal. Hasta el diseño emocional con el que venimos de fábrica está configurado en clara desventaja de lo agradable. Si no, juzga tú mismo, nuestras emociones básicas son: miedo, asco, ira, tristeza y alegría (también sorpresa, que pronto se transforma en alguna de las anteriores). ¿Un poco descompensado? Bueno, ya sabemos que su finalidad no es que seamos felices sino que sobrevivamos. Pero nosotros queremos, sobre todas las cosas, ser felices. ¿Qué hacer? En el tema que nos ocupa, el de los miedos inventados y las reglas mágicas de predicción del futuro, sería estupendo que pudiéramos reducirlos y eliminarlos.

En la vida nos vamos a ir encontrando con problemas, eso es inevitable. Ahora bien, el hecho de que aparezcan o no, no podemos conjurarlo con reglas falsas del tipo si me recreo en mi felicidad algo malo ocurrirá. Si un problema viene, habrá que afrontarlo. Si ahora, afortunadamente, no hay ninguno, o los que hay son pequeñitos, regodeémonos en esa satisfacción. ¡La alegría es una emoción tan placentera! Además, ya hemos visto que las emociones placenteras están en minoría. No solo eso, son más efímeras. Cuando algo malo ocurre, los ecos en nuestros pensamientos suelen ser más duraderos. Piensa para comprobarlo en cuando recibes un comentario negativo y cuando recibes uno positivo. ¿Cuál suele volver más a tu mente? ¿Cuándo te repites más "hay que ver lo que me ha dicho", en la ofensa o en el halago?

Por eso, mi sugerencia es, cuando todo vaya bien, disfruta sin miedo. Que el temor a que algo maravilloso se estropee en el futuro no empañe tu presente. Si un miedo irracional viene a visitarte, cortésmente (recuerda que quiere salvaguardarte), despídete de él. Y disfruta, recréate en las emociones agradables, que son minoría y duran poco. Sí, todo es efímero. Nos viene bien tenerlo presente, pero úsalo para vivir plenamente el ahora, no para anticipar la tristeza de la pérdida, que seguro vendrá, todo cambia, pero esa aplicación no está disponible en este momento. Aprovechémoslo. No lo enturbiemos con reglas fantásticas.

Puede que no tengas la superstición de la que estoy hablando. Tal vez seas más de los que adjudican la mala suerte al gato negro, el color amarillo, que se rompa un espejo o el hecho de pasar debajo de una escalera. Seguro que, si buscas, encuentras alguna norma supersticiosa a la que sueles prestar atención. Yo suelo dejar muy a menudo mi bolso en el suelo, y, muy a menudo también, aparece alguien que lo recoge, lo coloca en otro lugar y me dice: si lo dejas en el suelo se te va a ir el dinero. Bueno, yo debería estar en la indigencia si esa regla fuese cierta.

El pensamiento mágico puede ser individual o compartido socialmente. Los hay dañinos o inofensivos. Hasta muy entrada la adolescencia, solía otorgar inmensos poderes predictivos, del cumplimiento de mis deseos, a las pestañas que se me caían. Bueno, tal vez no fuera muy perjudicial. No obstante, mi sugerencia es que suprimamos esa forma de pensar, pues, como decía arriba, en cualquier caso, son reglas absurdas, falsas, irracionales y ocasionalmente perjudiciales. Si eres muy creativo, úsalas en el humor, en ficción y en el arte, ahí están genial.

Te propongo un pequeño reto para esta semana. Vigila tu mente para detectar algún pensamiento mágico. Cuando lo veas, debátelo y cámbialo. Comprueba que carece de base científica y que no tienes que darle ninguna credibilidad.

Me gustaría terminar con unos versos libres del inspirador poema del norteamericano Walt Witman.

Carpe diem.

Aprovecha el dia.

No dejes que termine sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte,

que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida

algo extraordinario ...

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

Araceli Zaldívar Moreno