Miedos, ¡para qué os quiero!

16.04.2018

Que hay cosas que nos asustan, eso está claro, pero ¿es algo perjudicial o saludable que eso pase? No creo que la cuestión se resuelva con respuestas del tipo "el miedo no sirve para nada", o "no debemos tener miedo en absoluto porque nos limita". Pues claro que nos limita, para eso está.

Normalmente etiquetamos el miedo como emoción negativa, decimos cosas como "que valiente es, no teme a nada". Sin embargo, una persona así, es probable que muera joven.

El miedo es una respuesta biológica natural ante determinados estímulos. Forma parte de nuestro sistema de supervivencia. Como otras emociones básicas, es vital. Sin miedo nuestra especie se habría extinguido. Por tanto haríamos bien en tratarlo con el respeto que se merece. El trabajo que tiene encomendado es cuidarte, protegerte y salvarte.

Gracias a la función limitante del miedo no vamos por la carretera a 300 km/hora. Gracias a ese temor-precaución no arriesgamos, de forma absurda, nuestra preciosa existencia. Hace unos días, hablaba con las madres de mi Escuela de Padres sobre como los adolescentes ( y los jóvenes) a menudo desprecian estos temores. Esto ocurre porque tienen cierta fantasía de invulnerabilidad, y ésta les hace pensar que nada malo puede ocurrirle a ellos. Por eso en la adolescencia se dan más conductas de riesgo. Y es por eso, también, que esta etapa de la vida se ha dado en llamar adolescencia, porque en ese período adolecemos de buen juicio.

Hay otro miedo muy útil, el que se activa en caso de un peligro inminente. Se trata de un salvavidas biológico. Si ves a alguien amenazarte con un cuchillo ensangrentado, tipo escena de un thriler, corres que vuelas. No te hace falta pensar, supondría perder un tiempo crucial. ¿Imaginas que ante un peligro nos pusiésemos a analizar la situación? "Y este hombre, ¿para qué viene hacia mí con un cuchillo? Pero, esa sangre ¿de quién es?" No. Ninguna pregunta acudirá a tu mente. La razón se duerme. O sea que, no solo El sueño de la razón produce monstruos, sino que, los monstruos producirán el sueño de la razón.

Todo tu cuerpo sencillamente actúa desde la emoción, desde la amígdala, situada en tu cerebro primitivo, donde no hay pensamiento. En ese contexto, el miedo es un mecanismo absolutamente fascinante. Bloquea las demás funciones del organismo para que éste responda a una única acción: escapar,pelear o paralizarte.

El miedo consigue que tu corazón bombee hasta CINCO veces más sangre, de ahí que notes que el corazón se sale del pecho, suben tus pulsaciones, se dilatan tus pupilas, tus órganos internos (estómago, cerebro, pulmones) reciben menos oxígeno y azúcar porque el mayor aporte de la sangre va a los músculos de tus extremidades que se contraen para luchar, correr o aguantar el golpe, etc. El mecanismo que se despliega es admirable, en pocos instantes se pone en marcha una alucinante trasformación, algo así como lo del hombre lobo pero más rápido y menos radical. Una manifestación del brillantísimo ingenio de la naturaleza que es el sistema nervioso. Como es obvio, esto tiene un gran coste para el cuerpo.

Piensa bien en todo lo que ocurre y dime ¿En serio quieres hacer todo esto a tu organismo por una reunión de trabajo, una cucaracha, una entrevista, un examen, hablar en público, etc? No, hombre no. Dejemos el miedo para salvarnos la vida, punto. Esa es su función y es preciosa. En el resto de los casos el miedo te entorpece, recuerda que te coloca en modo hombre lobo, lo que significa que eres más fuerte pero menos inteligente (desde el punto de vista intelectual). ¿Dónde quieres que haya más aporte sanguíneo para ese examen, en los músculos o en el cortex cerebral? Preocupaciones, estrés, ansiedad, son todos de la pandilla del miedo. Es decir, activan tu sistema de alarma y supervivencia.

Puedes decirle amablemente, "querido miedo, gracias por intentar cuidarme, puedes marcharte, realmente en esta situación no te necesito". Es posible combatir nuestros temores usando la racionalidad, utilizando los métodos de la Psicología Cognitiva.

Pongamos otro ejemplo muy típico, una cucaracha. ¿En serio ese ser insignificante puede disparar tu adrenalina y cortisol de esa forma? No, lo haces tú. Si fuera un tigre lo haría el estímulo, es decir el tigre. Si lo hace la cucaracha es un fallo del sistema, es un pánico autoprovocado, estás dándole el poder de un depredador a un bichito que puedes aplastar sin más. Se trata de un miedo inútil.

¿Y la entrevista de trabajo?, aquí activar el mecanismo de alarma te resta muchos puntos y, como nos recuerda Julio Iglesias en los memes, "lo sabes". Merece la pena saber desactivarlo. Los seres humanos tenemos una capacidad creativa inmensa, pero esa gran imaginación nuestra es un arma de doble filo y a menudo se nos vuelve como un búmeran. Podemos imaginar los peligros hasta el punto de engañar completamente a nuestra amígdala, la encargada de activar al licántropo que hay en nosotros.

A los miedos inútiles pásalos por el filtro de la razón antes de que los automatices, es decir antes de que te asustes de forma mecánica ante determinados estímulos. Sobre todo no los evites, si evitas lo que realmente no es un peligro, tu cerebro empezará a creer firmemente que lo es. Evitar está en el inicio de las fobias, esos miedos automáticos, inútiles y castradores. Es bueno ser consciente de que la gran mayoría de nuestros miedos son invenciones, y lejos de beneficiarnos nos dañan. Puedes engañarte a ti mismo diciéndote que no necesitas coger un avión, pero eso está limitando tus planes, y solo vivimos una vez.

Y recuerda, no se trata de no tener miedo, estás diseñado para sentirlo, mientras estés vivo sentirás temores, así que merece la pena saber manejarlos. La valentía no consiste en no tener miedo en absoluto, eso es temeridad, la valentía es saber reconocer y admitir que tenemos temores, en primer lugar, para a continuación someterlos al filtro de la razón. Sentio et cogito, ergo sum.

                                                        Araceli Zaldívar Moreno