Bienvenida, amiga frustración.

10.07.2018

Estamos en la cultura de la inmediatez, la consecución rápida y la satisfacción instantánea de nuestros deseos. Lo queremos y lo queremos ya, mañana es tarde. Esta facilidad en la complacencia de nuestros deseos, lejos de estar trayéndonos felicidad, nos está volviendo una sociedad más neurótica, ansiosa, impaciente y superficial. ¡Vaya repasito!

Una prueba de lo anterior es el incremento en el uso de antidepresivos y ansiolíticos, cuyo consumo no para de subir desde hace tres décadas.

¿Cómo es posible que teniendo tal cobertura de nuestras necesidades, no solo las primarias sino también las "muy secundarias", seamos una sociedad en la que los fármacos más recetados sean los ansiolíticos?

Es obvio que hay más de un motivo, pero hoy me gustaría hablar de la trampa en la que se está convirtiendo la sociedad de consumo, y no me refiero solo al consumo de bienes materiales, también al de ocio, distracción, comunicación, etc. Nadamos en una abundancia sin parangón en la Historia de la Humanidad. Y no sabemos y/o no queremos frustrar nuestros deseos. El deseo se ha convertido en nuestro amo y señor. Vivimos una nueva forma de esclavitud, una más inconsciente. Somos esclavos de nuestros deseos pero ¿quién los mueve? Lo que deseas, ¿por qué lo deseas? Porque lo tiene tu vecino, lo anuncia la marca que lo vende, todo "el mundo" tiene uno, etc.

Es fantástico disfrutar de las cosas y de las oportunidades que hoy están a nuestro alcance; pero, ¡ojo!, no te engañes pensando que las necesitas. No solo tenemos multitud de deseos, sino que nos hemos creído que su satisfacción es imprescindible, y hacemos depender nuestro estado anímico y nuestra felicidad de ellos. Ahí está la trampa.

Si te digo que un poco de frustración es bueno para el que la padece, puede que rechaces la idea. ¿Cómo? Si a mí lo que me gusta es salirme con la mía, cuantas más veces mejor. Que no llueva cuando yo tengo planes, que haya una buena película si quiero ir al cine, tener amigos para salir el sábado por la noche... Me fastidia enormemente que las cosas no sean como YO quiero que sean. Bien, el hecho de que se te tuerzan las cosas de vez en cuando, además de inevitable, te favorece, te hace madurar, tener carácter, templanza, paciencia, comprensión hacia la vida y hacia los demás. O sea que es una escuela de virtudes. ¡Sí, hombre! ¡Ahora voy a aprender yo a base de fastidiarme! Sí, si tengo la actitud adecuada, si lo ACEPTO. Si me enfado ante lo inevitable, me indigno, protesto, me molesto enormemente, o me lleno de ira, estoy aprendiendo poco. Además este tipo de reacciones se convierten fácilmente en hábitos, lo que hace que algunos estén gran parte del día quejándose. Es imposible la satisfacción de todos nuestros deseos, motivos para quejarte vas a encontrar siempre, si estás en ello.

La frustración es la molestia derivada de la no satisfacción de nuestras necesidades. Es importante y útil si realmente estamos ante una necesidad. Como la sed me molesta, haré todo lo posible por beber. Ahí está el porqué de este sentimiento incómodo, movilizarnos para satisfacer necesidades. Como la gran mayoría de nuestros sentimientos tiene una razón evolutiva.

Ahora bien, también aparece frente a deseos mucho más superfluos, y aquí es cuando hay que aprender a aceptar y pararla. Si no toleramos la frustración, aparecen emociones o sentimientos que nos dañan más que el incumplimiento de lo que anhelamos. Ante tanta abundancia, nos comportamos a menudo como niños malcriados. Hacemos lo mismo que los críos con pataletas, pero más civilizadamente, y está bien visto, además en seguida encontraremos a alguien que nos dé la razón e incluso nos diga "no es justo, lloviendo todo el fin de semana".

Acepta la frustración como una leve molestia, y no le des tanta importancia a lo que deseabas. Nunca podrás estar seguro de que realmente era lo mejor. Y si quieres continúa persiguiendo tu deseo, si este es posible y depende de ti, claro. Pero hazlo desde la certeza de que algunos deseos no se cumplen. Aquí es cuando tu voz interior exclama ¡hombre, claro, eso ya lo sé! Sin embargo es un conocimiento que dejamos en suspenso. Lo dejamos de aplicar cuando nos cabreamos precisamente porque sucede lo que es natural que suceda.

A propósito, si tienes niños, deja que se frustren. Ya sabes que es un buen aprendizaje. Eso, que los docentes y psicólogos repetimos a menudo que falta en los jóvenes de hoy, la tolerancia a la frustración, solo lo van a adquirir si conviven con ella y se ven obligados a manejarla. Así que, a partir de ahora, controla el impulso de darle lo que te pide la mayor parte del tiempo. Recuerda que eso no va a hacerlo más feliz, sino más débil de carácter, y menos tolerante a la frustración. No te digo que lo frustres a propósito, claro que no, sino que no cedas cuando sabes perfectamente que lo que desea no es lo que más le conviene. Esa irritación que ves en él, no es negativa, es aprendizaje de vida. Enséñale con tu templanza a aceptar la insatisfacción. En ese momento en el que su irritación te estresa, puedes pensar "adelante hijo pelea con ella, véncela". Parece un poco friki pero te servirá. Si quieres ayúdale a aceptar, acoge su deseo, "lo quieres, verdad cariño, te gusta mucho, lo que ocurre es que ahora no...." Para aceptar la frustración es bueno reconocer que el deseo en sí existe, es un primer paso, para después darnos cuenta de que también estaremos bien si no se cumple. No te enfades por el deseo en sí, tu hijo es humano, y la negación de lo humano enseña poco.

La satisfacción casi permanente no es buena, ni posible. Y a menudo cuanto más tenemos menos valoramos y apreciamos toda esa abundancia.

Me gustaría terminar con una plegaria que se ha atribuido a diferentes autores. Con ella se pide tener tres virtudes cuya práctica nos aportará mucha calma:

Serenidad para ACEPTAR lo que no puedo cambiar,

fuerza para CAMBIAR lo que sí puedo cambiar

y sabiduría para DISTINGUIRLO. 

          Araceli Zaldívar Moreno