¿Qué tipo de madre o padre eres?

19.10.2017

Hablar de tipos en psicología nunca es una cuestión absoluta. No se es de un tipo al 100% ni todo el tiempo, se trata más bien de tendencias, de patrones que solemos repetir con cierta frecuencia. Es difícil encontrar tipos puros. Dicho esto, te pregunto, ¿qué tipo de padre o madre eres? ¿Te has hecho alguna vez esa pregunta? Puede ser que de esta manera no, pero quizá de otra forma sí. Todos nos hemos cuestionado alguna vez si somos demasiado permisivos, demasiado estrictos, demasiado duros, demasiado blandos, demasiado "lo que sea". No queremos pasarnos ni quedarnos cortos, intuitivamente sabemos que los extremos tienen sus consecuencias y por eso buscamos el equilibrio. Un justo y deseado punto medio en el que situamos el proceder virtuoso. Bueno, aquí tienes un resumen de lo que se denominan estilos educativos, tendencias un poco extremas, para que las observes y analices si te reflejas en alguna. También tienes un patrón considerado un adecuado punto medio, al que puedes intentar acercarte si concuerda contigo y lo ves deseable.

Estilo autoritario. La norma es la reina en esta forma de educar. El lenguaje es la orden, hay pocas explicaciones y la consecuencia del incumplimiento es el castigo. Es un patrón algo en desuso pero que al que a veces recurrimos, cuando otras alternativas nos fallan. Ha estado demasiado tiempo vigente, era un estilo completamente generalizado para nuestro abuelos y es probable que nuestros padres se criaran con él, por tanto algo queda.

Consecuencias: Dará lugar a un carácter más sumiso, con baja autoestima o a actitudes  rebeldes.

Permisivo. La ausencia de límites constituye su talón de Aquiles. No se ponen prácticamente normas y se consiente al hijo o la hija mantener conductas que pueden perjudicarle o perjudicar a otros.

Consecuencias: La influencia en el carácter es que en ausencia de límites el niño crece sin sentir verdadero respeto por los derechos de los demás. Se crean lo que solemos llamar "niños tiranos", porque parecen tener solo consciencia de sus derechos, nunca de sus obligaciones, llegando incluso a veces a manifestar desprecio por los sentimientos de los otros.

Proteccionista. En su afán de que nada negativo pueda ocurrirles a sus hijos, los progenitores que tienen un patrón proteccionista los privan de su autonomía y de sus responsabilidades. Si cometen un error, lo subsanan ellos, lo ocultan o peor, culpan a otros. Con este comportamiento les privan del aprendizaje fundamental de la vida: aprender de nuestros errores, lo que conlleva a menudo aceptar las consecuencias de nuestros actos y tomar medidas para solucionarlo si es posible. Puede combinarse con el permisivo y hoy en día está proliferando esta explosiva mezcla.

Consecuencias : Las actitudes asociadas a estas prácticas son la falta de responsabilidad, inmadurez y desconsideración hacia el otro.

Abandonado o laissez faire. La paternidad ausente puede considerarse de las más graves, según la edad del niño cuando el padre o la madre adoptan esta actitud. Se trata de padres que no asumen su papel, su responsabilidad, y por distintos motivos hacen una dejación de su labor.

Consecuencia: suele endurecer el carácter del niño haciéndolo duro e insensible, es un mecanismo de supervivencia emocional, que desgraciadamente se instala en forma de rasgo del carácter.

ESTILO EDUCATIVO, EL ANSIADO EQUILIBRIO

Este estilo combina los límites y la autoridad con el cariño y el respeto al niño. Será proteccionista los primeros años de vida e irá cediendo en eso a medida que el niño madura. Un padre no debe olvidar que su finalidad es educar, no que su hijo solo tenga experiencias felices y dichosas, sino enseñarle a resistir la frustración cuando las cosas no son como deseamos, no que cumpla con nuestras expectativas, no que sea lo que la sociedad quiere que sea, sino que pueda convertirse en un ciudadano que con respeto y libertad escoja su propio camino.

Me gusta una frase que resume los cambios por los que un padre que educa tiene que ir pasando: los bebés necesitan protección, los niños necesitan  límites, los adolescentes, razones; y los tres necesitan todo nuestro cariño y respeto.


                                                               Araceli Zaldívar Moreno